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Testimonios

La historia de Cuestión de Madres

A ver si tras el confinamiento, momento en el que he pensado muuuucho, soy capaz de dat continuidad al blog y te traigo más historias de las que podamos aprender, más recetas y más cositas que enseñarte. Hoy nos cuenta su historia Maite de Cuestión de Madres. Me ha gustado mucho y dice dos verdades muy grandes.»No pienso perder la ilusión» y «llegará el día en que pueda deciros que lo he conseguido». ¡Vamos a por ello Maite!

De pequeña me gustaba correr. Me apuntaba siempre a las olimpiadas escolares y, a pesar de no ser de las más delgadas, sí que era de las que más potencia tenía por lo que las carreras de 150 metros (200 metros para las categorías de adultos) eran las que mejor se me daban. No era campeona porque Vanessa (una niña de otro colegio) era toda una crack y además entrenaba en un club de atletismo pero segunda lo era muchas veces.

Salí del colegio, la situación cambió un poco y dejé de correr. Practiqué otros deportes pero no volví a correr salvo en contadas ocasiones como carreras solidarias. Pensé que no podría volver a ello hasta que mi padre me demostró que si una quería se podía. A sus cincuenta y tantos años empezó a salir a andar todos los días. Como cada vez iba más rápido llegó un momento en que corría. Se sentía bien por lo que cada vez corría más hasta que hizo su primera carrera de competición. Una media maratón en su pueblo que disfrutó mucho a pesar de sufrirla. Incluso llegó a correr la Behobia con un temporal de locos. Pero la terminó.

Si él había podido… ¿por qué no podría hacerlo yo? Me puse manos a la obra pero… me quedé embarazada y no era el mejor momento para comenzar con el running. No pasa nada por estar embarazada y correr, lo se, pero esa premisa se refiera a las que ya sois runners y lleváis tiempo practicándolo. Para mí y las novatas que nos acabamos de iniciar (me enteré justo a la semana de empezar con mi propósito) no es muy buena idea.

Lo dejé pero solo momentáneamente. Ya tendría tiempo de volver a intentarlo.

Retomo correr con Madresfera

Con la lactancia de mi segundo embarazo engordé mucho añadiendo más kilos a los que ya cogí con la lactancia del mayor. Empezaba a no gustarme y cada vez veía más lejos mi propósito de salir a correr. Me daba mucha pereza y siempre encontraba excusas. Por ello, cuando desde Madresfera nos propusieron el reto de entrenar con el objetivo de correr la San Silvestre me apunté sin dudarlo. Necesitaba un OBJETIVO y acababa de encontrarlo.

Un entrenador personal nos daría las recomendaciones para ponernos en forma. Las tablas de entrenamientos que hacer y sólo tendría que encontrar tiempo para hacerlo. Mi marido, que es el primero que quiere que lo consiga para salir juntos a correr, buscó tiempo para quedarse con los niños y así yo poder salir.

¡¡Qué ideal!! ¡¡Qué maravilloso!! pero… aprendí por las malas que no se pueden coger atajos y que hay que ser conscientes de las capacidades y limitaciones de cada una. Si no estás en forma y tu peso es más del aconsejado no puedes pretender ponerte a correr desde el segundo 1. Y, más importante aún, nunca, nunca, nunca, te pongas a correr sin un calzado adecuado. Yo lo aprendí por las malas y no os podéis imaginar cómo me arrepiento.

Comencé con unos entrenamientos que eran genéricos para todas las participantes del reto. MAL, porque cada una estaba en una situación distinta a la otra y en esto del running no hay reglas predeterminadas para todo el mundo. Hay que adaptarse a cada persona y lo que sirve para mí no tiene por qué servirte a ti. Bueno, el caso es que empecé con muchas ganas tomándomelo muy en serio. No es que corriera pero iba andando muy rápido, adaptándome a lo que mi cuerpo me dejaba hacer.

En el segundo entrenamiento descubrí lo importante de llevar un calzado adecuado. Salí con toda la ilusión del mundo pero las deportivas estaban gastadas, dadas de sí y llevaba los calcetines mal colocados. Al poco de comenzar noté molestias en la planta de un pie pero no quise dejarlo. Me lo había tomado en serio y no iba a empezar a poner excusas. Cuando terminé el entreno y llegué a casa tenía una pedazo de ampolla…

Pensé para mí… «ya me toca parar y sólo acabo de empezar»… pero no, el entrenador personal dijo que eso no era razón para parar y que podía seguir con el calendario de entrenamientos. Confiaba en él.

Os imaginaréis lo que pasó. No hacía bien los apoyos, cargaba más mi sobrepeso en otras partes del pie y… comenzó el dolor. Pero no paré. No iba a ponerme excusas. Nadie iba a pensar que era una floja y que lo dejaba a la primera de cambio. Me dejé llevar por el qué diran y…

Cuando me quise dar cuenta tenía una fascitis plantar y un espolón calcáneo. ¡¡2 años con ello!! y aún no estoy recuperada del todo porque sigo teniendo dolor. Menos, es verdad, pero sigue estando ahí. Y ya solo me queda pasar por el quirófano y no es lo que más me apetezca.

Pero, ¿sabéis lo que os digo? que no pienso perder la ilusión. Aún me queda tiempo por delante para llegar a conseguir lo que hizo mi padre. Además, ya he cometido todos los errores que se pueden cometer cuando una da el paso de empezar a correr. La siguiente vez que lo intente no los repetiré y me irá mejor la cosa. Por de pronto ya he empezado a ponerme en forma saliendo a andar. Iré subiendo la velocidad a medida que me vaya encontrando bien conmigo misma y, llegará el día en que pueda deciros que lo he conseguido.

¿Qué te parece la historia de Cuestión de Madres? A mí me parece que da consejos muy necesarios para aquellas mamás, o no mamás, que se plantean empezar a correr, o para aquellas personas que tras el confinamiento deciden comenzar con el running. Es importante ir despacio y hacerlo con un buen calzado.

Gracias Maite por tu historia. Ah y quiero destacar que los niños de esta súper mamá son unos auténticos cracks del atletismo.

Puedes seguirla en Instagram

¿Qué te parece la historia de Maite? Espero que te haya gustado. Ahora es tu turno, ¿me cuentas la tuya? Quiero retomar esta sección con fuerza.

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